viernes, 28 de septiembre de 2012

El Raptus


                                                         
  Hacer de la libertad algo bueno realmente, no es nada fácil porque ella vive en otro reino, en las nubes.
Yo la conozco muy bien: padezco de Raptos de Libertad Celosa, y estos secuestros, improvisados a su antojo, provocan el caos en  mi mundo objetivo.
 La de veces que he deseado quedarme y mantener mi postura; ella siempre me encuentra.
 Lo que toca lo transforma en transparente, espiritoso y no puede quedarse quieto.
 Libertad me acaricia, mis límites juiciosos titubean hasta desaparecer y me elevo como un globo de helio por encima de las circunstancias; "las entiendo ahora perfectamente,- me digo , pero ya no puedo hacer nada por ellas."

 Algunas veces, si consigo dejarme llevar, el poder de libertad me deja hacer travesuras: huelo bosques enteros, me rasco con los picos de las montañas, refresco mi barriga etérea con la nieve de las cumbres, me entrevero con la niebla para rehidratarme y ganar volumen; a veces, hago acrobacias aéreas en la más absoluta de las soledades, la trapecista del circo en el cielo, dejo que las ramas de los árboles atraviesen mi incorporeidad,  hago descensos veloces paralela a los abismos y luego remonto sobre inmensidades de agua tan fría.

 Cuando me intimido de tanta libertad sin límites, ni formas,  miro hacia los caseríos, alguna luz me hace un guiño y me reconforta, "quisiera regresar a mi estado anterior, lo extraño"; pienso mientras acerco mi cuerpo volátil al lugar que deseo en lo que dura el pensamiento.
Sobrevuelo una azotea en la que la ropa ondea al viento; "es sólo la bandera de un desconocido que existe" resumo.
Cuando miro de cerca sus calcetines disparejos, sujeto por tenaces pinzas a una linea recta en la tierra, donde las palabras existen y enlazan como cadenas, me doy cuenta de que es un familiar y me avasalla la nostalgia.

En el mundo incorpóreo, donde viven los ideales nobles, una presencia sin identidad propia lo escucha todo sin ofenderse, todas las voces confundiéndose en la lejanía como un zumbido de abejas; sin embargo, en el mundo de los cuerpos las palabras envuelven al corazón que tocan y lo hacen sonar a su antojo.
En el eterno silencio del aire,  los discursos humanos son ecos vagando sin dirección en el infinito, no tienen
importancia alguna, son hojas de otoño que ruedan de un lado a otro del jardín.

Con el tiempo he aprendido también a reconocer a las personas por sus singulares coronillas y cuando aterrizo, al principio me desconciertan sus caras, necesito un tiempo para reconocerlos, me pasa excepto con los bebés que son idénticos a sí mismos y por lo cuatro costados, tal vez sea porque son los que más miran hacia lo alto, para enseñarle a los adultos donde está la luna o para ver una pluma dejarse caer pero no, como si tuviera un carácter caprichoso y ellos se parten de risa de pura empatía porque aún entienden la sutil complicidad de la vida.

Cuando regreso al cuerpo, todos han cambiado menos yo, a las personas de carne hueso muy pragmáticas no les gusta que te vuelvas invisible,  no entienden ni de libertades ni de leyes del ozono, ellos se sienten abandonados porque no pueden constatar que aún los quieres, podrían sentir el cariño invadiendo el espacio pero  prefieren las pruebas "palpables" del amor.

Cuando regreso a mi estado sólido, la comunidad entera se ha reunido para acusarme de egoísta,
 la irresponsable del mundo paralelo, sonrío,
 "¿cómo explicarles que hay un gigante autónomo llamado albedrío que no pide permiso para entrar ni salir?"

Yo sé que ellos no tienen Raptos de Libertad Celosa porque tienen aún más miedo que yo ante la idea de
disolverse en el gigante.
 Puede ser que llegue el día en que mi temor mengue y desaparezca, tal vez algún día ya no recuerde sus tejados.

Menos mal que siempre que aterrizo me topo con la buena fe de un nuevo amigo ideal y  con el entusiasmo propio de un nuevo comienzo, el problemas es que cuando escucho  sus palabras se me atascan en el corazón, porque suenan a sueño soñado por millones de generaciones a través de los siglos, las he escuchado desde la orilla del otro mundo, son un cuento perdido en el espacio sideral.

 De todos modos si alguien se callara el suficiente tiempo como para que resplandeciera el brillo de su mirada, o como para escuchar su latido base, yo caería enamorada de bruces a sus pies, partiéndome en trocitos de arcilla gruesa, apenas empezara a declararse en mí el deseo de tener lo que amo,  sentiría el aleteo de libertad cada vez más cerca, "Te transformas en vapor, amiga."Tu cuerpo pertenece al aire", me diría en un susurro...

Antes de que me agarre otro Ataque de Libertad y si no lleva prisas huracanadas,  puedo exhibir ante mis amados un poco de este don no pedido e inexcusable, les largo largas zancadas aéreas, volteretas, les bailo las paredes de la habitación en la que estemos, como jugando a nadar en el vacío , para que sepan que aunque no les doy mi incondicional presencia les dedico el aliento para unas risas y este asombro. Luego, al recordarlo, todo les parecerá un sueño muy nítido.

viernes, 23 de julio de 2010

Paseo en Paisaje



Largo tiempo de oficio se tiene en la mirada
para sacar, a mano y de una tela ordinaria,
las cualidades de estos paisajes,
las propias del espacio y de la luz.

Si los miro,
Descubro armonía entre sus elementos,
Cifrados en un lenguaje plástico de contrastes.
Cada uno sosteniendo la presencia del otro,
En un engranaje de constelaciones de color.
.
Si los toco,
Redescubro cada huella en el lugar preciso
Donde cruzarse con otra
En un ir y venir de pisadas de pincel,
De lo que fuera un baile de miradas sobre la tela.

Manos que se posan
como amarillas alas sobre sus verdes sitios.
La experiencia directa del color dará descanso a los ojos
y, al cobijo de un árbol o al contrapelo de una brisa marina,
querremos pedalear sobre un tenue trazo rojo.

Amantes

Amor,
no te quiero mío,
ni fundir tu fresco contorno,
(el que te hace diferente)
en el hueco cálido de mi abrazo,
conmigo y mis costumbres.
Si nos pertenecemos
¿seremos amantes
aquellos que se aman o
seremos otra cosa?
Un reino de temas recurridos,
Besarse los besos ya besados,
Nuestros sueños
confundidos
el uno en el otro,
en un mutuo acuerdo,
en un lugar para cada cosa
y mi felicidad
en el hueco cálido de tu abrazo.

La Aprendiz

Me iría tres años, cinco, siete...
Para volver con tantos regalos
De seda, de marfil y plata.
Los presentes de la visitante
que no se quiere ir más.
Yo,
que arrancaría el botón de mi garganta
para desnudar mis pequeños pechos
que quisieran rodearte...
Me iré tres años, cinco o siete...
Para volver sin caballo
y con el vientre descubierto
y descalzos mis pies
_ya más largos que los tuyos,
de tanto andar este regreso_
Tocaré con mis dedos tus oídos,
como susurrando tu nombre,
como canción de cuna.
Yo
rogaré al más rico en mi riqueza
_años hará que viaje
recopilando dones que darte-
Que me revele
el secreto que no pude aprender:
"La cadencia con que tocarte.
Lavaré el templo que te sostiene;
Soy la aprendiz de tu cuerpo"

domingo, 7 de febrero de 2010

Dibujarle

Dibujarle es el remedio,
que en su retrato se ampara mi embeleso.
Recuerdo los destellos de su imagen,
mi pulso retoca su apariencia.
Afino el trazo, que sea exacto,
para el entrelabio de su boca.
Sonrío al lápiz que le describe,
sigiloso y cómplice funcionario.
La línea aparece, idéntica
a la del entrelabio de mi entrepierna.
Presiento la piel de nuestras manos
buscarse entre los rojos frutos
de un mismo cuenco.
El halo cálido del roce me sitúa
entre los nudosos dedos de un árbol desnudo.
Sobre la palma de la mano gris de la tierra
le observo bañarse en la luz de la luna,
-¡cómo le ablanda la armadura de
su no correspondencia!-
Usted, de pronto, es tierno como un semejante.
Y el presente me descubre enamorándome
al borde de su estampa de papel,
enhebrando las cuentas de mis espejismos
al hilo frágil de la arena del Reloj.

Tambor de piel

Me conmueve que seas tan ligera,
Finita forma,
sonrisa abierta...
Tus nalgas se me antojan percusivas.
Convocan a este impúdico a abordarte
Cuando me das la espalda,
Sin que te percates,
contemplo tu envés,
Se me hace piedra todo el cuerpo.
Siento sólo esta dolorosa firmeza que
Desea aclararse en tu recipiente
Soy voluntad de perecer;
Si he de poseerte
y descubrirte victoriosa,
Resistente en el desafío de nuestros placeres
Yo arrebataré tu timidez ante mi secreto:
Someter tu compostura cándida
Sin palabras de cariño.
Delicada mujer,
en mi sueño eres más indefensa.
Amo tu vergüenza en este preámbulo
De quererte sin vergüenzas.
En mis rodillas pondré tus nalgas,
pintaré en ellas el rubor de tus mejillas.
Con mis manos tocaré
Una y otra vez,
Palmas sobre tu tambor de piel,
Una y otra vez,
Calcaré mis latidos febriles.
Quiero hacerte ser la postura en la que te postro:
Hembra rendida en la antesala.
Soy el que celebra tus gemidos con aplauso calmado.

martes, 2 de febrero de 2010

Nubes y Lluvia.

La pasión desbordada de la amante lo apabulla,
se repliega en la concha de su inevitable placer,
tan circunspecto,
que se condensa_en recatos_
hasta volverse sólido como tierra.
La enfebrecida no se retira,
le tientan los sonrojos,
los ojos cerrados de asediado vencido,
Cautiva en ese dejarse hacer del dócil amigo,
tan embriagada,
que se disuelve_en susupiros_
hasta volverse etérea como nube.
Como nube se estira,
envolviéndose sobre cada rasgo de la tierra,
empujada por su designio,
procurar rocío.
Sobre la quietud firme de una montaña,
llueven,
la diligente lengua y su caricia.
El acariciado devuelve agua al agua
en un estremecimiento que apenas brota,
serena.
Se bebe de la blanda rendición del cuerpo combatido.
Se salvan las distancias en un silencio hermoso.
Se detiene esa cuerda en continuo vaivén.